Reforma sin marchas

Posteado por en Dec 11, 2013 en Ciudad de México, Columna, Movimientos sociales, PAN | 0 comentarios

Una de las tantas manifestaciones que han tenido como escenario el Paseo de la Reforma. Foto: Tomada de Internet.

Una de las tantas manifestaciones que han tenido como escenario el Paseo de la Reforma. Foto: Tomada de Internet.

Paseo de la Reforma es una de las avenidas más bellas, interesantes y vivas del mundo. Es el epicentro de nuestra vida política, la imagen más obvia de nuestra pretendida modernidad. De los elegantes rascacielos hasta la deteriorada ciclovía, de las marchas del orgullo gay hasta las protestas por la reforma energética, Paseo de la Reforma es el corazón de la vida nacional.

Ninguna otra avenida del país concentra la vitalidad de nuestra democracia en construcción, como el Paseo de la Reforma. La protestas a las afueras del horrible edificio que alberga la Embajada estadounidense, los plantones a lado del mal construido y costoso edificio del Senado, las celebraciones del #Yosoy132 en la base de la ominosa Estela de Luz. La arteria más célebre de la ciudad es también la avenida en la que se ejerce la ciudadanía a través de uno de los derechos fundamentales de las democracias liberales: el derecho a la protesta.

Precisamente el politólogo Robert Dahl, en su clásico estudio “Poliarquía”, asegura que no hay democracia liberal sin el derecho a la contestación pública, sin un marco en el que se fomente la participación política, sin los prerrequisitos de libertad de asociación y libertad de expresión, dos de los consensos en torno a qué significa vivir en una democracia.

El derecho a la protesta atraviesa un momento de crisis en México. Crisis porque son muchos los capitalinos que desean un Estado que limite la protesta. Crisis porque, como revela una encuesta de REFORMA, hasta un 56% de las personas encuestadas apoyaba el uso de la fuerza para desalojar a los maestros de la CNTE que mantenían plantones y bloqueos. Crisis porque muchos consideran que desplazarse en auto es un derecho que se ve limitado por quienes bloquean calles e impiden el libre tránsito de sus autos, garantizado por la Constitución. Lo que ignoran los quejosos es que la Suprema Corte de Justicia, en su tesis de jurisprudencia 192/2009, señala “la garantía de libertad de tránsito sólo salvaguarda a los individuos y no a los vehículos automotores a través de los cuales se desplazan”.

Crisis porque aprovechando la animadversión a la protesta, el diputado del PAN Jorge Sotomayor empuja una ley en el Congreso Federal** que pretende regular las marchas en la Ciudad de México. Es cierto, las ciudades de otras democracias, como la estadounidense, la española, la británica, entre muchas otras, regulan el ejercicio de la protesta y los ejercicios comparados son necesarios.

Por ejemplo, Nueva York requiere una solicitud a quienes desean ejercer la protesta en sus avenidas principales, limita la protesta a un horario, las prohíbe en domingos antes de las 2 pm, solicita autorización para hacer uso de equipo de sonido, entre otras cosas. Regulaciones que han sido avaladas por asociaciones de derechos civiles como la New York Civil Liberties Union. 

Sin embargo, la propuesta de Sotomayor preocupa a varias organizaciones de Derechos Humanos y de defensa de libertad de expresión, porque es regresiva. Intenta no solo regular el derecho a la protesta, sino también los contenidos de la misma. De ser aprobada esa ley, ahora solo serán lícitas las protestas “cuando se persiga un fin que no sea contrario a las buenas costumbres”. (art. 5) De igual manera, para autorizar la protesta, las autoridades podrán “realizar modificaciones al horario, fecha y recorrido de la misma” (art. 11).

Hay una alerta roja en el ejercicio de la protesta. La regulación de este ejercicio es necesario, pero solamente después de un consenso con la sociedad civil. Inmerso en la aprobación exprés de reformas, el diputado Sotomayor propone un remedio regresivo, ambiguo y que criminaliza la protesta.

Un Paseo de la Reforma sin desnudos de los 400 pueblos, con ciudadanos robotizados y ordenados, no solo sería aburridisima, sino además pondría un plantón al desarrollo democrático de México, bloqueando la arteria de la participación ciudadana. Además sus efectos colaterales serían que en otras ciudades del país triunfen los ánimos por reprimir la protesta. Pronto Torreón, Veracruz, Morelia y otras ciudades verían leyes similares o peores. Es el sueño del autoritarismo que acalla el disenso de los revoltosos. Es la pesadilla de la democracia.

*Publicada originalmente el 10 de diciembre del 2013 en la sección Opinión, del Grupo Reforma.

** Pese a los señalamientos en contra de organizaciones de la sociedad civil y sin un debate público fue aprobada ya la Ley Anti marchas.